jueves, 2 de marzo de 2017

Post del Viernes: ¡Memorizar aprendizajes y meterlos en una maleta! (6 meses en New Zealand)

Hace 6 meses deshice las maletas para instalarme en New Zelanda. Es un país muy desconocido para los que vivimos en la otra parte del mundo. Yo vivo en la isla del sur, un lugar sencillo, exuberante en sus paisajes, a tan sólo un paso de la Antártida y a tres horas de avión de Australia y New Caledonia. El tiempo pasa rápido pero después de seis meses me siguen impresionando los amaneceres y atardeceres llenos de luz, su gente por la forma de interpretar, vivir la vida y sin obsesionarse por el futuro.

En una de las esquinas de mi habitación duermen las dos maletas que utilicé para transportar todo aquello que creía que necesitaría para vivir aquí por un largo periodo de tiempo. En ocasiones las miro porque creo que cuando toque volver a España querré meter en ellas todos los aprendizajes que  por nada del mundo querría olvidar.

Es curioso que aún dedicando casi toda la jornada a estudiar e investigar por ahora el aprendizaje personal supera al académico. Me paso el 90% de mi tiempo estudiando o haciendo actividades relacionadas con diferentes campos científicos. Aprendo sobre educación y sistemas educativos, perfecciono mi dominio de la lengua inglesa, escribo mi tesis doctoral, colaboro para diferentes medios y editoriales lo que me obliga a leer muchísimo...pero aun así, lo que estoy aprendiendo a nivel personal, supera todo lo demás. ¿No debería ser siempre así allí donde vivas?

Si evalúo estos aprendizajes lo hago muy positivamente porque todos me hacen ser mucho mejor de cuando llegué. No todos han sido fáciles o instantáneos, todo lleva su tiempo e impone su dureza. Todos ellos están afectando mi vida diaria, mi relación con las personas, en la manera de analizar qué me sucede y hago, sintiendo que puedo acoger con facilidad otros muchos puntos de vista diferentes al mío y pudiendo abrir la mente a nuevos campos y proyectos. En ocasiones me aterroriza pensar que pueda olvidar alguno de ellos. Para que esto no ocurra, cuando siento que he aprendido algo que toca mi interior, miro la maleta e intento meterlo dentro, metafóricamente hablando, para que no se quede aquí, para que viaje conmigo y sea capaz de exportarlo allí donde viva y sobre todo para que sea capaz de utilizarlo correctamente, en mi beneficio y en el beneficio de los demás.
Queda mucho por aprender, por eso la cremallera de la maleta está siempre abierta unos centímetros...

Mis mejores deseos para este fin de semana desde las Antípodas!


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